La OMS advierte que los problemas de salud mental serán la primera causa de discapacidad en 2030

  • El pasado 10 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental para combatir la estigmatización y mejorar la atención directa.
  • Los jóvenes se llevan la peor parte: uno de cada cinco sufrirá un problema relacionado con la salud mental a lo largo del año.

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La salud mental viene siendo una cuestión arrinconada durante demasiado tiempo. La postura que tradicionalmente se ha mantenido en las sociedades occidentales sobre la salud mental y los trastornos derivados de ella ha sido, en el mejor de los casos, la de esconderla bajo la etiqueta del tabú, cuando no la de considerarla como un problema secundario y banalizarlo, desplazándolo de la primera línea de atención social y médica.

Desde hace casi una década, diferentes estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), como la mesa redonda de 2010 que propuso la integración de la salud mental entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, advierten que “los problemas de salud mental, incluido el alcoholismo, están entre las tres causas principales de discapacidad” a nivel mundial; entre ellos, “la depresión ocupa el tercer lugar” y los estudios que se manejan apuntan que ocupará “el primero en 2030”.

A pesar de las advertencias que viene haciendo desde hace tiempo, la agencia de la ONU reconoció en dicha mesa redonda que “la mala salud mental es a la vez causa y consecuencia de la pobreza, una educación deficiente, la desigualdad entre los géneros, mala salud, violencia y otros problemas mundiales”.

Adolescentes y jóvenes entre la población de riesgo

Uno de los colectivos más afectados por los trastornos derivados de una mala atención en el correcto equilibrio de la salud mental es el de los adolescentes y los jóvenes. En un mensaje lanzado durante la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental del 2018, el Secretario General de la ONU, António Guterres, revelaba que “uno de cada cinco jóvenes experimentará un problema de salud mental este año”. La mitad de los trastornos de salud mental comienzan a la edad de 14 años. No obstante, la mayoría de los casos no se detectan ni se tratan”, situación que podría revertirse con una atención dedicada y constante “si comenzamos a cuidar nuestra salud mental a una edad temprana”, ratificando su compromiso con la Agenda 2030 para el Desarrollo del Milenio.

Guterres añadía que las complicaciones tienen repercusión “en el rendimiento escolar y aumenta el riesgo de consumo de alcohol, de sustancias adictivas y de comportamientos violentos”. En algunos casos el problema llega a agravarse hasta tal magnitud que el suicidio es “una de las principales causas de muerte entre los jóvenes”, como aseveró Guterres.

La salud mental, en segundo plano

Todavía a día de hoy las personas con que sufren problemas de salud mental son estigmatizadas con frecuencia en amplios apartados de la sociedad, la cultura y el imaginario colectivo. Esta discriminación provoca que sean un grupo especialmente expuesto a los abusos físicos, emocionales y sexuales, a la precariedad laboral, la intolerancia y el racismo.

Una de las tesis que pueden explicar la atención deficiente que históricamente se ha ofrecido a los problemas relacionados con la salud mental es la propia naturaleza de la misma: las principales consecuencias de trastornos mentales como la depresión no tienen un impacto directo en la persona afectada que sean fácilmente detectables por los demás. Así, lo que constituye una de las primeras causas de la carga global de morbilidad, puede pasar desapercibido en la consulta sanitaria si se realiza un diagnóstico precipitado.

El cambio de paradigma en el modelo biomédico es un obstáculo que franquear. De este opinión es el análisis de Genis Oña, investigador médico en la Universidad Rovira i Virgili, cuando recomienda adoptar prácticas que comportasen “un mayor bienestar y felicidad, que promoviesen el apoyo social y comunitario o que incluyesen aspectos físicos, psicológicos (por supuesto), familiares, comunitarios y culturales”.

En resumen, que tras tantos años de debate estéril, la forma de abordar la salud mental sea más humana y que se trabaje por la plena inclusión de las personas afectadas. La Agenda 2030 es clara, pero no cabe esperar a entonces para cumplir sus objetivos.

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